Allí en el parque
- LaPava
- 7 may 2021
- 3 Min. de lectura
Siempre le gustaron las flores, casi tanto como los animales. Cualquier ocasión era buena para llevar flores en la ropa o en la cabeza. Flores, flores y más flores. Grandes y esplendorosas. Pequeñas. Le daba igual. Ella se sentía bien llevándolas porque le aportaban luz y color a su vida.
¿Dónde si no iba a estar mejor que en un parque un día soleado de primavera? Allí fue. Sola. A encontrar el amor. Ja, ja. No. Su ilusión era desconectar de un día feo y rutinario. La ciudad le daba agobio pero el parque, el parque le daba paz. Mucha paz. A pesar de los niños y niñas rebosantes de energía y de voz. No importaba.
Allá en el lago, en un rinconcito de sol y sombra se sentó. Cogió su libro y se dispuso a abrirlo. Cuando llevaba dos páginas, su mente traicionera hizo que su brazo soltara el libro y cogiera el móvil. Miró Instagram y WhatsApp. Nada interesante. ¿Por qué nadie le escribía? Perdón. Reformulo. ¿Por qué nadie interesante con quién coquetear le escribía? (¿Para qué engañarnos?). Se frustró y soltó el móvil. Le dieron ganas de estamparlo, pero no lo hizo. Retoma su libro y consigue leer tres páginas más. Imposible. No había manera de seguir. ¿Era el momento de escribirle al ya olvidado antiguo amor? No. ¿Sí?. ¡Que no!. Se aburría. Mucho. Su mente necesitaba un buen chute de oxitocina (la hormona del amor, la llaman). ¿Dónde la conseguiría? No hubo respuesta. Solo escuchó a los patos del lago pidiendo comida y allá que fue a satisfacerles.
―Un paseo para explorar el parque no me vendría nada mal― Se dijo. Bordeó el lago hasta que se encontró con un puente al estilo "vintage" que no había visto antes. Se veía algo dejado pero lucía bien su color blanco. Caminó a través sintiendo como si flotara, observando a ambos lados casi sin parpadear. Cuando pisó tierra de nuevo descubrió que hay una casa mas adelante con un jardín lleno de flores. Sí, flores. Dos segundos tardó en avanzar hacia allí. La casa era bonita pero a la vez, estaba llena de misterio. Al igual que el libro que llevaba encima y por qué no, como su vida misma. Cuanto más se iba acercando, más instalada se veía en esa casa.
Justo en la entrada, hay una verja que apenas le llega a la cintura. Cautivada por el paisaje se para y observa lo que le rodea. Una muralla de piedra de igual altura que la verja y dentro: un hermoso jardín con árboles, arbustos y flores que dan ganas de fundirse y convertirse en un elemento más. La casa, que parecía tener no más de una habitación, se veía bien blanca y cuidada. "¿Habrá alguien dentro?". Estaba yendo hacia la puerta cuando tropieza con una piedra y cae al suelo. Es cuando empieza a notar que un perro le está lamiendo toda la cara.
―Coco, deja a la chica que está tan tranquila durmiendo―Dijo una señora mayor que paseaba junto al lago con su adorable perrito amante de caras humanas.
Ella se despierta, atolondrada y desorientada. Ve el lago justo enfrente. Se levanta algo mareada. No sabía muy bien lo que sentía en ese momento. Si tristeza, si alegría. Igualmente recogió todas sus cosas y se marchó.
―¿Qué tendrá la naturaleza que me lleva siempre a sitios bonitos? Existan de verdad o no, ¿qué mas dará si yo consigo verlos? Aquí, solo aquí. ¡Ay naturaleza qué haría yo sin ti!.

Texto y foto: La Pava
Espero que os haya gustado este relato de hoy y me comentéis si os apetece, o incluso compartirlo con los vuestros.
Y yo os pregunto, ¿Tenéis algún lugar que os evada de la rutina? Y me atrevo a ir más allá. ¿Habéis vivido algo parecido a nuestra protagonista?
A mí me pasó justo al contrario en este mágico lugar de la foto que no revelaré, de momento ;)
¡Hasta la próxima!
🦃
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